Grasas buenas y malas: como explicárselo a los niños

La gras no es mala... pero no toda es igual

Durante años hemos escuchado que la grasa engorda o que hay que evitarla. Sin embargo, la realidad es muy distinta: la grasa es esencial para el crecimiento infantil y para el desarrollo del cerebro.

La clave no está en eliminarla, sino en aprender a diferenciar las grasas que nos ayudan de las que conviene tomar con moderación.

¿Por qué los niños necesitan grasa?

En la alimentación infantil, la grasa cumple funciones fundamentales:

  • Forma parte de las membranas de todas las células.
  • Es clave para el desarrollo del cerebro y la vista.
  • Permite la absorción de las vitaminas liposolubles A, D, E y K.
  • Aporta energía y sensación de saciedad, ayudando a regular el apetito.


Por eso, una dieta baja en grasa no es adecuada para niños en crecimiento.

Grasas “amigas”: las que necesitamos a diario

Otras grasas, en cambio, deben consumirse con moderación o de forma ocasional:

  • Bollería industrial, galletas rellenas y snacks fritos.
  • Productos con grasas trans o parcialmente hidrogenadas.
  • Frituras frecuentes o aceites reutilizados muchas veces.
  • Exceso de carnes procesadas y embutidos grasos.

Grasas que conviene limitar

No todas las grasas son iguales. Algunas son auténticas aliadas de la salud:

  • Aceite de oliva virgen extra: rico en antioxidantes y grasas monoinsaturadas, protege el corazón.
  • Pescados azules (salmón, sardinas, caballa): fuente de omega-3, esenciales para el cerebro.
  • Frutos secos naturales (almendras, nueces, avellanas): energía de calidad, minerales y grasas saludables.
  • Aguacate: aporta grasa saludable y potasio.
  • Semillas (chía, lino, sésamo): pequeñas, pero muy nutritivas.

Estas grasas deberían estar presentes de forma habitual en la alimentación familiar.

Un poco más de ciencia: entender los distintos tipos de grasas

 

  1. Grasas esenciales y poliinsaturadas

Las grasas esenciales son aquellas que el cuerpo no puede fabricar y necesita obtener a través de la dieta. Aquí destacan los ácidos grasos poliinsaturados, especialmente:

  • Omega-3, fundamentales para el desarrollo neurológico y visual.
  • Omega-6, necesarios para el crecimiento, siempre en equilibrio con los omega-3.

Son imprescindibles durante la infancia.

  1. Grasas saturadas

Están presentes de forma natural en carnes, lácteos enteros o mantequilla.
No son malas por sí mismas, pero un exceso sostenido puede favorecer inflamación y desequilibrios metabólicos si desplazan a grasas más saludables.

  1. Grasas trans e hidrogenadas

Son grasas creadas industrialmente y claramente perjudiciales para la salud. No aportan beneficios y se asocian a mayor riesgo cardiovascular y metabólico. En la alimentación infantil, cuanto menos, mejor.

Grasa corporal en la infancia: por qué importa tanto


Durante la infancia se produce la llamada hiperplasia del tejido adiposo, es decir, aumento del número de células grasas.

  • Estas células se mantienen durante toda la vida.
  • Un exceso energético mantenido en la infancia facilita que en la edad adulta haya más tendencia a acumular grasa.

Las consecuencias de este exceso de acumulación de grasa se ven reflejadas en la vida adulta, siendo el individuo más propenso a padecer problemas metabólicos como diabetes tipo 2 u obesidad, además de problemas hormonales en las mujeres. Por eso, la educación alimentaria temprana es tan importante.

¿Y el azúcar qué tiene que ver con la grasa?


Aunque hablemos de grasas, conviene aclarar algo muy común: el exceso de azúcar también se transforma en grasa corporal.

Cuando el organismo recibe más azúcar del que necesita, lo convierte en grasa y lo almacena en el tejido adiposo. Por eso, bebidas azucaradas, bollería, snacks o zumos industriales, además del sedentarismo, influyen directamente en el aumento de grasa corporal.

Es fundamental mantener un metabolismo activo en el niño, promover su actividad física y llevar una alimentación balanceada que no desplace a los nutrientes esenciales.

Cómo explicárselo a los niños:


Un mensaje sencillo puede ser:

“Las grasas buenas son como el aceite limpio que necesita un coche para funcionar bien. Si usamos aceite de calidad, el motor va mejor. Si usamos aceite sucio, se estropea.”

Ejemplos prácticos para el día a día

 

  • Añadir aceite de oliva en crudo al pan o a las ensaladas.
  • Cambiar bollería por pan con aguacate o crema de frutos secos 100% natural.
  • Incluir pescado azul 1-2 veces por semana.
  • Usar frutos secos naturales como parte del desayuno o la merienda.

El mensaje final


En lugar de decir “la grasa engorda”, enseñemos que no todas las grasas son iguales. Elegir bien las fuentes de grasa es una forma de cuidar la salud desde dentro.
Comer sano no es prohibir, es aprender a escoger con criterio.

FAQ – Preguntas frecuentes de las familias

 

  • ¿La grasa engorda?

No por sí sola. Engorda el exceso calórico mantenido, especialmente cuando procede de ultra procesados y azúcares. Las grasas saludables, en cantidades adecuadas, son necesarias.

  • ¿Pueden los niños tomar frutos secos a diario?

Sí, siempre que sean naturales o tostados sin sal, adaptados a la edad (mejor triturados en los más pequeños). Son una excelente fuente de grasa saludable.

  • ¿Es mejor usar lácteos enteros o desnatados?

En niños sanos, los lácteos enteros suelen ser más adecuados, ya que aportan grasa necesaria para el desarrollo y mayor saciedad.

  • ¿Cuántas veces a la semana deberían comer pescado azul?

Entre 1 y 2 veces por semana, alternándolo con pescado blanco.

  • ¿Hay que eliminar por completo las grasas malas?

No es realista ni necesario. Lo importante es que no formen parte de la alimentación habitual y queden para ocasiones puntuales.

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