Como construir un plato equilibrado

La regla del plato es una guía práctica para estructurar comidas balanceadas de manera visual. Es de gran utilidad para asegurarnos de obtener una buena variedad de nutrientes esenciales en cada comida. He aquí algunos consejos nutricionales para aplicar esta regla de manera efectiva:

Divide el plato en tres secciones:
  • 50% de vegetales y frutas: La mitad del plato debe estar llena de vegetales y frutas, con énfasis en los vegetales. Opta por una variedad de colores para obtener diferentes nutrientes. Intenta incluir verduras de hoja verde, pimientos, brócoli, zanahorias y frutas frescas como bayas, manzanas o naranjas.
  • 25% de proteínas: Dedica un cuarto del plato a fuentes de proteínas saludables. Incluye opciones como pollo, pescado, huevos, legumbres (lentejas, garbanzos), tofu o nueces. Procura variar las fuentes para obtener una gama completa de aminoácidos y otros nutrientes.
  • 25% de carbohidratos integrales: El último cuarto del plato debe contener carbohidratos integrales o ricos en fibra, como quinoa, arroz integral, avena, papa, o batata. Los granos integrales ofrecen más fibra y nutrientes que los refinados, ayudando a mantener la saciedad y a estabilizar los niveles de azúcar en sangre.
Controla las porciones

La regla del plato te ayuda a evitar porciones excesivas. Un plato de tamaño mediano o estándar es ideal. Evita rellenarlo demasiado y busca balance entre los grupos alimenticios.

Elige grasas saludables:

Las grasas son esenciales, pero deben provenir de fuentes saludables. Inclúyelas en tu plato formando parte del cuadrante de las proteínas. Normalmente los alimentos que se escogen como base proteica aportan también un porcentaje graso, como el pescado graso (salmón) o la carne. Evita las grasas saturadas y las grasas trans. Puedes complementar con pequeñas cantidades de grasas buenas, como aceite de oliva, aguacate, semillas de chía, nueces.

Prefiere alimentos frescos y mínimamente procesados:

Opta por alimentos en su forma natural, evitando productos ultra procesados que suelen ser altos en azúcar, sodio y grasas no saludables. La comida fresca y mínima procesada tiende a ser más rica en nutrientes, más saciante y menos dañina al no contener demasiados aditivos.

Añade agua o bebidas sin azúcar:

Para acompañar tu comida, elige agua, té sin azúcar o infusiones naturales. Trata de evitar refrescos, bebidas azucaradas o jugos procesados, ya que suelen contener azúcares añadidos y suponen calorías vacías.

Aplica el control del color:

Más colores en el plato significan una mayor diversidad de nutrientes. Los colores suelen ser indicadores de diferentes vitaminas y antioxidantes. Por ejemplo, los vegetales verdes como la espinaca son ricos en hierro y vitamina K, mientras que los vegetales naranjas como las zanahorias son altos en vitamina A.

Modera los aderezos y salsas:

Si añades aderezos, opta por opciones saludables como el aceite de oliva (virgen extra), limón, hierbas y especias. Evita salsas comerciales que suelen tener alto contenido en azúcares, aditivos y grasas poco saludables.

Escucha a tu cuerpo:

La regla del plato es una guía, pero es importante ajustar las porciones y los tipos de alimentos según tus propias necesidades energéticas, gustos y objetivos. Escucha las señales de hambre y saciedad de tu cuerpo, y haz ajustes si te sientes demasiado lleno o si necesitas más energía.

Aplicar estos tips te ayudará a construir platos saludables, sabrosos y bien equilibrados, adaptados a tus necesidades y estilo de vida.

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